viernes, 23 de enero de 2015

Infinitesimal

He mirado el goteo que paciente ahueca
partir en mitades la ruta de ir
comprendido la cansada ruta de
Aquiles, la triunfal llegada de la

Tortuga, y elaborado un sueño.

No se como recuperar mi blog

Algo sucede, cada vez que entro para querer actualizarlo se me antepone un gran número de anuncios. Seguramente es que el libremercado, las malas costumbres del neoliberalismo....esas cosas

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Naturaleza Muerta



En las leyes naturales está mi forma de mirar el oleaje
descrito por la ancestral estirpe de mi ascendencia
las ramificaciones de mi genealogía
mi oscuro devenir, la canción imprecisa de las cosas:
y en ellas se estipula hasta cuando me alcanzará el destino.

Las leyes naturales se esclarece la manera
en la que posaré calladamente los ojos
en eso que nombramos
en lo que debo mencionar
en los derroteros sin destino
en los tiempos donde la ley establece la dicotomía
entre aquello que he abandonando
y por cuanto he sido olvidado
en la sed que he sentido
y en la soledad del planeta
en mi sangre, en donde llevo la genealogía del olvido
y en mi linaje esparcido por el mundo
está el acuerdo, la espera
la definición y el regocijo de un día que acaba.

En tu ley se escribe la denominación de las monedas
con las que merezco la pobreza y el olvido
o la saciedad y el hastío
en ese mandato se establece aquello que demarca mi oferta:
sólo un par de huellas que dejar
sólo combinaciones de palabras                                    para olvidar.



12-12-12

domingo, 2 de diciembre de 2012

Aleve vida (Poema)

Aleve vidaPoema
Para verlo, hay que navegar siempre a la derecha y/o regresar a través de la ventana (pestaña) emergente.


martes, 9 de octubre de 2012

When you were young (The Killers)

You sit there in your heartache
Waiting on some beautiful boy
To save you from your old ways
You play forgiveness
Watch it now- here he comes

He doesn't look a thing like Jesus
But he talks like a gentlemen
Like you imagined when you were young

Can we climb this mountain
I don't know
Higher now than ever before
I know we can make it if we take it slow
Let's take it easy
Easy now, watch it go

We're burning down the highway skyline
On the back of a hurricane that started turning
When you were young
When you were young

And sometimes you close your eyes
and see the place where you Used to live
When you were young

They say the devil's water, it ain't so sweet
You don't have to drink right now
But you can dip your feet
Every once in a little while

You sit there in your heartache
Waiting on some beautiful boy
To save you from your old ways
You play forgiveness
Watch it now- here he comes

He doesn't look a thing like Jesus
But he talks like a gentlemen
Like you imagined when you were young
When you were young

I said he doesn't look a thing like Jesus
He doesn't look a thing like Jesus
But more than you'll ever know

viernes, 7 de septiembre de 2012

Tiempos idos

En otro tiempo una foto como esa, en la se toma la protesta al rector de la universidad en presencia del gobernador, aun cuando el rector fuera de cepa priista sería una vergüenza para el rector, para los ahí presentes y para la comunidad universitaria en general. La presencia de una autoridad como esa era una transgresión a la autonomía.
Pero los tiempos cambian, el capitalismo nos ha vuelto individualistas, preferible el confort de ser bendecido por el sistema y que el pasado pase a formar parte de esa sombra borrosa y olvidada. Esa es la impresión que dejan aquellos que en su momento fueron mis maestros. Curiosamente los primeros detractores de un sistema como éste los encontré en la universidad, y ellos mismos se convirtieron en sus primeros practicantes.

jueves, 30 de agosto de 2012

Mi olvidado blog

Este, mi olvidado blog, hasta por mi, no se si él necesita que yo lo alimente o si es necesidad mía alimentarme por medio de su alimentación.
Estaré en esto de no dejar que muera de hambre o de abandono.

viernes, 8 de junio de 2012

Vela por los vivos (Ray Bradbury)


Uno de los grandes cuentos de Bradbry.

Durante bastante días, en los que estuvo recibiendo partes metálicas y otros trastos, que Charles Braling llevaba con ansiedad febril a su pequeño taller, se estuvo oyendo continuamente martillear y golpetear. Era un hombre moribundo, casi agonizante, y parecía tener mucha prisa, entre accesos de tos y escupitajos, en montar un último invento.
- ¿Qué es lo que estás haciendo? - inquirió su hermano menor Richard Braling. Había escuchado con creciente dificultad y mucha curiosidad todo aquel trastear y martillear, y ahora metió la cabeza por la puerta del taller.
- Vete muy lejos, y déjame tranquilo - dijo Charles Braling, que tenía setenta años y se pasaba temblando y babeando la mayor parte del tiempo. Temblequeando, colocaba clavos en su lugar, y temblequeando los martilleaba con débiles golpes sobre un gran madero, colocando luego una pequeña tira de metal dentro de una intrincada máquina. Estaba trabajando como un loco.
Richard continuó mirando, con ojos amargos, durante largo tiempo. Se odiaban. Llevaban haciéndolo durante bastantes años, y ahora, el que Charlie se estuviera muriendo no alteraba la situación. Richard estaba muy contento al conocer que se le acercaba la muerte, cuando pensaba en ello. Pero todo este dedicado fervor de su hermano le preocupaba.
- Dímelo, por favor - dijo, sin moverse de la puerta.
- Si es que quieres saberlo - gruñó el viejo Charles, metiendo algo en la caja colocada frente a él -, estaré muerto dentro de una semana, así que estoy... ¡estoy fabricando mi propio féretro!
- ¿Un féretro, mi querido Charlie?; eso no «parece un» féretro. Un féretro no es tan complejo. Venga ya, ¿qué es lo que estás haciendo?
- ¡Te digo que es un féretro! Un féretro raro, pero sin embargo... - el viejo movió los dedos por dentro de la gran caja -, sin embargo, un féretro.
- Pero sería más fácil comprar uno.
- ¡No uno como éste! No se podría comprar uno como éste en ninguna parte, nunca. Oh, desde luego, será un féretro verdaderamente bueno.
- Obviamente estás mintiendo - Richard se movió hacia delante -. ¡Pero si ese féretro tiene más de tres metros y medio de largo! ¡Tiene un metro y medio más largo del tamaño normal!
- ¿Y? - el viejo rió silenciosamente.
- Y una tapa transparente. ¿Quién ha oído hablar de un ataúd a través del cual se puede mirar? ¿Para qué le sirve a un cadáver una tapa transparente?
- Bah, simplemente, no te preocupes - cantó alegremente el viejo -. ¡Laaa! - y continuó canturreando y martilleando por el taller.
- ¡Este ataúd es terriblemente grueso! - gritó el hermano menor por encima del ruido -. ¡Pero si debe tener un metro y medio de espesor! ¡Es totalmente innecesario!
- Tan sólo desearía poder vivir para patentar este asombroso féretro - dijo el viejo Charlie -. Sería un regalo del cielo para todas las gentes pobres del mundo. Piensa en cómo eliminaría los gastos en la mayor parte de los funerales. Ah, pero naturalmente, tú no sabes cómo haría esto, ¿no es así? ¡Qué tonto soy! Bueno, no te lo diré. Si este ataúd fuera producido en serie, naturalmente al principio saldría caro, pero cuando uno lograse producirlo en grandes cantidades, ah, la cantidad de dinero que se ahorraría la gente.
- ¡Al infierno con ello! - y el hermano menor salió echando chispas del taller.
Había sido una vida desagradable. El joven Richard siempre había sido tan inepto que nunca había logrado juntar dos monedas al mismo tiempo. Todo su dinero le había venido de su hermano mayor Charlie, que había tenido la indecencia de recordárselo a cada momento. Richard pasaba muchas horas con sus diversiones: le gustaba mucho el amontonar las botellas de vino francés en el jardín.
- Me gusta la forma en que «brillan» - decía a menudo, sentado y dando un trago, dando un trago y estando sentado. Era el hombre del país que podía mantener la mayor cantidad de ceniza de un cigarro de cincuenta centavos durante más tiempo. Y sabía cómo poner la mano de forma en que sus diamantes brillasen a la luz. Pero ni había comprado el vino ni los diamantes ni los cigarros. ¡No! Todo era regalos. Nunca le permitía comprar nada. Siempre se lo compraba todo y se lo daba. Tenía que pedírselo todo, incluso el papel de escribir. Se consideraba casi un mártir por haber aceptado el recibir cosas de aquel pesado hermano suyo durante tanto tiempo. Todo en lo que Charlie ponía la mano se convertía en dinero. Todo lo que Richard había intentado para lograr una vida de placeres había fracasado.
Y ahora ahí estaba el vejestorio ese, trabajando en un nuevo invento que probablemente le daría un buen capital adicional aun después de que sus huesos se estuviesen pudriendo en la tierra.
Bueno, pasaron dos semanas.
Una mañana, el hermano mayor subió arriba y robó las tripas del fonógrafo eléctrico. Otra mañana, invadió el invernadero del jardinero. Y en otra ocasión, recibió una entrega de una compañía médica. Todo lo que podía hacer el joven Richard era sentarse y sostener su larga ceniza gris de cigarro quieta mientras las murmurantes excursiones tenían lugar.
- ¡He terminado! - gritó el viejo Charlie a la catorceava mañana. Y cayó muerto.
Richard terminó su cigarrillo y, sin demostrar la más mínima excitación, lo dejó en el cenicero, con su hermosa y larga ceniza de al menos cinco centímetros de largo - un verdadero récord - para levantarse luego.
Caminó hasta la ventana y contempló como la luz del sol jugueteaba alegremente entre las gruesas botellas de champaña en el jardín.
Miró hacia arriba, al final de las escaleras, en donde el querido viejo hermano Charlie yacía apaciblemente derrumbado sobre la baranda. Luego, se dirigió al teléfono y descuidadamente marcó un número.
- ¿Oiga? ¿La funeraria Verde Pradera? Aquí es la residencia Braling. ¿Tendrán la bondad de enviar a alguien? Sí. Para mi hermano Charlie. Sí. Gracias. Gracias.
Mientras la gente de las pompas fúnebres estaban metiendo al hermano Charlie en un baúl de mimbre, recibieron sus instrucciones:
- Un ataúd ordinario - dijo el joven Richard -. No quiero servicio funerario. Póngalo en un féretro de pino. Él lo habría preferido así: simple. Adiós.
- ¡Ahora! - dijo Richard, frotándose las manos -. ¡Ahora veremos ese «ataúd» fabricado por el querido Charlie! No creo que se dé cuenta de que no lo están enterrando en su caja especial. Ja.
Entró en el taller del piso alto.
El ataúd se hallaba frente a unas ventanas de estilo francés abiertas; con su tapa cerrada, completo y bien acabado, montado con la precisión de un reloj suizo. Era amplio, y descansaba sobre una muy larga mesa con rodillos por debajo para su fácil manejo.
El interior del ataúd, como vio mientras curioseaba por la tapa acristalada, tenía un metro ochenta de largo. Debían de haber noventa centímetros de doble fondo tanto a los pies como en la cabeza del féretro. Noventa centímetros a cada lado que tal vez revelasen, cubierto por paneles secretos que en alguna forma debería abrir... ¿exactamente el qué?
Dinero, naturalmente. Sería muy propio de Charlie el llevarse consigo a la tumba su dinero, dejando a Richard sin un solo centavo con el que comprar una simple botella. ¡El viejo tacaño!
Alzó la tapa transparente y palpó el interior, no encontrando ningún botón escondido. Había un pequeño cartelito escrito cuidadosamente en papel blanco, y colocado con chinchetas a un lado de la caja forrada de satén. Decía:
«EL ATAÚD ECONÓMICO BRALING. De fácil manejo. Puede ser usado una y otra vez por las funerarias y las familias previsoras.»
Richard dio un débil bufido. ¿A quién creía estar engañando Charlie?
Había algo más escrito:
«INSTRUCCIONES: SIMPLEMENTE COLOQUEN EL CUERPO EN EL ATAÚD.»
Qué cosa más tonta. ¡Colocar el cuerpo en el ataúd! ¡Naturalmente! ¿Para qué iba a servir si no? Siguió leyendo cuidadosamente, terminando con las instrucciones:
«SIMPLEMENTE COLOQUEN EL CUERPO EN EL ATAÚD, Y COMENZARÁ A SONAR LA MUSICA.»
- «¡No puede ser¡» - Richard se quedó con la boca abierta, mirando el cartel -. Que no me digan que todo este trabajo ha sido para... - se dirigió a la abierta puerta del taller, atravesó la terraza y llamó al jardinero, que se hallaba en su invernadero -: ¡Rogers! - el jardinero sacó la cabeza -. ¿Qué hora es? - preguntó Richard.
- Las doce en punto, señor - replicó Rogers.
- Bueno, a las doce y cuarto sube aquí arriba y mira si todo va bien.
- Sí, señor - contestó el jardinero. Richard se dio la vuelta y volvió de nuevo al taller.
- Ahora veremos... - dijo tranquilamente.
No pasaría nada por meterse en la caja para probarla.
Había visto pequeños agujeros de ventilación en los costados. Aunque estuviese la tapa cerrada, no le faltaría aire. Rogers subiría en un momento o dos. Simplemente coloquen el cuerpo en el ataúd, y comenzará a sonar la música. Realmente, qué simple había sido su hermano. Richard se subió a la caja.
Era como un hombre metiéndose dentro de una bañera. Se sintió desnudo y observado. Introdujo un brillante zapato dentro del ataúd, e inclinó su rodilla, apoyándose confortablemente, e hizo una pequeña observación no dirigida a nadie en particular; luego, subió su otra rodilla y pie, y se quedó allí acurrucado, como si estuviese inseguro acerca de la temperatura del agua del baño. Removiéndose, riéndose suavemente, se tendió, bromeando consigo mismo; pues era divertido el hacer ver que estaba muerto, que la gente estaba llorando por él, que humeaban velas que lo iluminaban, y que el mundo se había quedado detenido a causa de su muerte. Puso una cara de circunstancias, cerró los ojos, y contuvo su risa tras unos labios cerrados. Cruzó los brazos y decidió que se sentía inerte y frío.
«Brrr... ¡clang!» Algo susurró dentro de la pared de la caja. «¡Clang!»
¡La tapa se había cerrado sobre él!
Desde fuera, si alguien hubiera llegado a la habitación, se hubiera imaginado que un loco estaba dando patadas, golpeando, chillando y agitándose dentro de un armario. Se oía un atronar de carne y puños. Se oyó el sonido de un cuerpo bailando y retorciéndose. Se oyó un chillido y un soplido producido por los pulmones de un hombre atemorizado. Se oyó un crujido como el del papel, y el quejido de numerosas gaitas tocadas a la vez. Entonces se oyó un alarido verdaderamente hermoso. Luego... silencio.
Richard Braling yacía en el ataúd, y se relajaba. Distendió todos sus músculos. Comenzó a reír. El perfume de la caja no era molesto. A través de las pequeñas perforaciones obtenía aire más que suficiente para vivir confortablemente. Tan sólo tenía que empujar suavemente hacia arriba con las manos, sin molestarse en patalear y gritar, y la tapa se abriría. Uno tenía que mantener la calma. Flexionó los brazos.
La tapa estaba firme.
Bueno, todavía no había peligro. Rogers subiría dentro de un momento o dos. No había nada que temer.
La música comenzó a sonar.
Parecía venir de alguna parte del interior de la cabeza del ataúd. Era música buena. Música de órgano, muy lenta y melancólica, que recordaba a los arcos góticos y largas velas negras. Olía a tierra y a susurros. Producía ecos hacia lo alto entre paredes de piedra. Era tan triste que uno casi se echaba a llorar escuchándola. Era música de plantas en macetas y ventanas con cristales azules y carmesíes. Era el sol del atardecer y un frío viento soplando. Era una mañana con niebla y la lejana sirena de un faro sonando.
- Charlie, Charlie, Charlie, ¡viejo tonto! ¡Así que este es tu raro ataúd! - lágrimas de risa inundaron los ojos de Richard -. Nada más que un féretro que suena su propia música fúnebre. ¡Oh, por mi santa abuela!
Yació, y escuchó críticamente, pues era una hermosa música, y no podía hacer nada hasta que subiese Rogers y lo dejase salir. Sus ojos erraban sin rumbo. Sus dedos tamborileaban suaves cancioncillas en los cojines de satén. Cruzó las piernas indolente. A través de la tapa acristalada vio la luz penetrando por las ventanas de estilo francés, y observó las partículas de polvo bailando. Era un bello día azul con jirones de nubes en lo alto.
Comenzó el sermón.
Se acalló la música de órgano, y una suave voz dijo:
- Estamos aquí reunidos, aquellos que conocíamos y amábamos al finado, para rendirle nuestro homenaje.
- ¡Charlie, bendito seas! ¡Esa es «tu» voz! - Richard estaba encantado. Un funeral transcrito mecánicamente, ¡por Dios! ¡Música de órgano, y un sermón en discos! ¡y el propio Charlie rezando su responso por sí mismo!
La suave voz continuó diciendo:
- Aquellos que lo conocimos y que lo amamos estamos apenados por el fallecimiento de...
- ¿Qué fue «eso»? - Richard se semiincorporó, asombrado. No podía creer lo que había oído. Lo repitió para sí mismo, tal y como lo había oído -: Aquellos que lo conocimos y que lo amamos estamos apenados por el fallecimiento de Richard Braling.
Esto era lo que había dicho la voz.
- Richard Braling - dijo el hombre del ataúd -. ¡Pero si yo «soy» Richard Braling!
Un desliz, naturalmente. Simplemente, un desliz. Charlie había querido decir «Charles» Braling. Seguro. Sí. Naturalmente. Sí. Seguro. Sí. Naturalmente. Sí.
- Richard era una buena persona - dijo la voz, continuando -. No conoceremos a nadie mejor en nuestros días.
- ¡«De nuevo» mi nombre!
Richard comenzó a agitarse inquieto en el interior del féretro.
¿Por qué no subía Rogers?
Era muy difícil que fuera una equivocación el usar dos veces un nombre. Richard Braling. Richard Braling. Estamos aquí reunidos. Te echaremos de menos... Nos apena... No habrá un hombre mejor... No encontraremos uno mejor en nuestros días... Estamos aquí reunidos... El fallecido... Richard Braling... «Richard» Braling.
«¡Trrrrr! ¡Caplum!»
¡Flores! ¡Seis docenas de brillantes flores azules, rojas y amarillas saltaron de dentro del ataúd impelidas por ocultos muelles!
El dulce olor de flores recién cortadas llenó el féretro. Las flores se balanceaban suavemente ante su asombrada vista, golpeando silenciosamente la tapa transparente. Otras saltaron, y otras, hasta que el ataúd estuvo recubierto por pétalos y color y dulces aromas. Gardenias y dalias y petunias y narcisos, temblando y brillando.
- ¡Rogers!
El sermón continuaba:
-...Richard Braling, en su vida, fue un conocedor de las cosas grandes y buenas...
La música suspiró, se hizo más fuerte y disminuyó de nuevo en la distancia.
-...Richard Braling saboreó la vida como lo hace uno con un vino de vieja cosecha, paladeando...
Se abrió un pequeño panel en el costado de la caja. Una rápida palanca metálica saltó. Una aguja se clavó en el tórax de Richard, no muy profundamente. Gritó. La aguja le inyectó una buena dosis de líquido coloreado antes de que pudiera agarrarla. Luego se volvió a introducir en su receptáculo y el panel se cerró de golpe.
- ¡Rogers!
Un creciente abotargamiento. Repentinamente, no podía mover sus dedos o sus brazos, o girar la cabeza. Sus piernas estaban inertes y frías.
- Richard Braling amaba las cosas bellas. La música. Las flores - dijo la voz.
- ¡Rogers!
Esta vez no logró gritarlo. Tan sólo pudo pensarlo. Su lengua estaba inerte en su boca anestesiada.
Se abrió otro panel. De él surgieron fórceps metálicos, en el extremo de brazos de acero. Su muñeca izquierda fue traspasada por una gran aguja absorbente.
Su sangre estaba siendo extraída de su cuerpo.
Oyó una pequeña bomba funcionando en alguna parte.
-...echaremos a faltar a Richard Braling de entre nosotros...
El órgano sollozaba y murmuraba.
Las flores lo contemplaban, agitando sus cabezas cubiertas de brillantes pétalos. Seis cirios, negros y esbeltos, se alzaron de receptáculos ocultos y quedaron entre las flores, parpadeando y luciendo.
Otra bomba comenzó a funcionar. Mientras su sangre era vertida por un extremo de su cuerpo, su muñeca derecha fue también traspasada, aferrada y clavada por una aguja, mientras la segunda bomba comenzaba a introducirle formaldehído en sus venas.
«Chup», pausa, «chup», pausa, «chup», pausa, «chup», pausa.
El ataúd se movía.
Un pequeño motor traqueteaba y vibraba. La habitación se deslizó por ambos lados. Pequeñas ruedas giraban. No eran necesarios portadores. Las flores se agitaban a medida que el ataúd salía a la terraza bajo un claro cielo azul.
«Chup», pausa, «chup», pausa.
- Richard Braling será echado a faltar por todos sus...
Dulce y suave música.
«Chup», pausa.
- Ah, dulce misterio de la vida, al fin... - cantos.
- Braling, el gourmet...
- Ah, conozco al fin el secreto de todas...
Contemplando, contemplando, con sus ojos ciegos, el pequeño letrero con el rabillo de sus ojos. «EL ATAUD ECONOMICO BRALING.»
«Instrucciones: Simplemente coloquen el cuerpo en el ataúd, y comenzará a sonar la música.»
Un árbol pasó por encima. El ataúd rodaba suavemente a través del jardín, por detrás de unos matorrales, llevando consigo la voz y la música.
- Y es ya la hora en que debemos confiar esta parte de este hombre a la tierra...
De los costados del féretro surgieron pequeñas palas brillantes.
Comenzaron a cavar.
Vio como las palas lanzaban la tierra hacia arriba. El ataúd se hundía. Golpeaba, se hundía. Paletada, golpe, hundimiento; paletada, golpe y hundimiento de nuevo.
«Chup», pausa. «Chup», pausa. «Chup», pausa. «Chup», pausa.
- Las cenizas con las cenizas, el polvo con el polvo...
Las flores brillaban y se mecían. La caja estaba ya profunda. La música sonaba.
La última cosa que Richard Braling vio fue los brazos de las palas del Ataúd Económico Braling extendiéndose y cubriendo el agujero con tierra.
- Richard Braling, Richard Braling, Richard Braling, Richard Braling, Richard Braling...
El disco se había rayado.
Pero a nadie le importaba. Nadie lo escuchaba.

FIN

Edición electrónica de Danny Wilde

jueves, 12 de abril de 2012

lunes, 16 de enero de 2012

viernes, 18 de noviembre de 2011

Miguel Angel Tafolla

Esta es una ilustración elaborada por el maestro Tafolla.
Gracias Maestro.

martes, 8 de noviembre de 2011

Tomás Segovia (1927-2011)


En 1994 fue homenajeado aquí en Zacatecas un muy vivo, hasta jovial Tomás Segovia. Dentro del Festival de Poesía Ramón López Velarde, el poeta, además del reconocimiento recibido, de las lecturas ofrecidas, dictó una conferencia acerca de algunos poemas del jerezano.
Yo recuerdo que leí en ese Festival, recuerdo que un poema mío, de una plaquette lo construí a partir de un verso del texto de Segovia que dejo en esta entrada.



Besos

Mis besos lloverán sobre tu boca oceánica
primero uno a uno como una hilera de gruesas gotas
anchas gotas dulces cuando empieza la lluvia
que revientan como claveles de sombra
luego de pronto todos juntos
hundiéndose en tu gruta marina
chorro de besos sordos entrando hasta tu fondo
perdiéndose como un chorro en el mar
en tu boca oceánica de oleaje caliente
besos chafados blandos anchos como el peso de la plastilina
besos oscuros como túneles de donde no se sale vivo
deslumbrantes como el estallido de la fe
sentidos como algo que te arrancan
comunicantes como los vasos comunicantes
besos penetrantes como la noche glacial en que todos nos abandonaron
besaré tus mejillas
tus pómulos de estatua de archilla adánica
tu piel que cede bajo mis dedos
para que yo modele un rostro de carne compacta
idéntico al tuyo
y besaré tus ojos más grandes que tú toda
y que tú y yo juntos y la vida y la muerte
del color de la tersura
de mirada asombrosa como encontrarse en la calle con
uno mismo
como encontrarse delante de un abismo
que nos obliga a decir quién somos
tus ojos en cuyo fondo vives tú
como en el fondo del bosque más claro del mundo
tus ojos que tú no conoces
que miran con un gran golpe aturdidor
y me inmutan y me obligan a callar y a ponerme serio
como si viera de pronto en una sola imagen
toda la trágica indescifrable historia de la especie
tus ojos de esfinge virginal
de silencio que resplandece como el hielo
tus ojos de caída durante mil años en el pozo del olvido
besaré también tu cuello liso y vertiginoso como un tobogán inmóvil
tu garganta donde la vida se anuda como un fruto
que se puede morder
tu garganta donde puede morderse la amargura
y donde el sol en estado líquido circula por tu voz y tus venas
como un cogñac ingrávido y cargado de electricidad
besaré tus hombros construidos y frágiles como la ciudad
de Florencia
y tus brazos firmes como un río caudal
frescos como la maternidad
rotundos como el momento de inspiración
tus brazos redondos como la palabra de Roma
amorosos a veces como el amor de las vacas por los terneros
y tus manos lisas y buenas como cucharas de palo
tus manos incitadoras como la fiebre
o blandas como el regazo de la madre del asesino
tus manos que apaciguan como saber que la bondad existe
besaré tus pechos globos de ternura
besaré sobre todo tus pechos más tibios que la convalescencia
y que pesan en el hueco de mi mano como la evidencia
en la mente del sabio
tus pechos pesados fluidos tus pechos de mercurio solar
tus pechos anchos como un paisaje escogido definitivamente
inolvidables como el pedazo de tierra donde habrán
de enterrarnos
calientes como las ganas de vivir
con pezones de milagro y dulces alfileres
que son la punta donde de pronto acaba chatamente
la fuerza de la vida y sus renovaciones
tus pezones de botón para abrochar el paraíso
de retoño del mundo que echa flores de puro júbilo
tus pezones submarinos de sabor a frescura
besaré mil veces tus pechos que pesan como imanes
y cuando los aprieto se desparraman como el son
en los trigales
tus pechos de luz materializada y de sangre dulcificada
generosos como la alegría de aceptar la tristeza
tus pechos en donde todo se resuelve
donde acaba la guerra la duda la tortura
y las ganas de morirse
besaré tu vientre firme como el planeta Tierra
tu vientre de llanura emergida del caos
de playa rumorosa
de almohada para la cabeza del rey después de entrar a saco
tu vientre misterioso cuna de la noche desesperada
remolino de la rendición y del deslumbrante suicidio
donde la frente se rinde como una espada fulminada
tu vientre montón de arena de oro palpitante
montón de trigo negro cosechado en la luna
montón de tenebroso humos incitante
tu vientre regado por los ríos subterráneos
donde aún palpitan las convulsiones del parto de la tierra
tu vientre contráctil que se endurece como un brusco
recuerdo que se coagula
y ondula como las colinas
y palpita como las capas más profundas del mar océano
tu vientre lleno de entrañas de temperatura insoportable
tu vientre que ruge como un horno
o que está tranquilo y pacificado como el pan
tu vientre como la superficie de las olas
lleno hasta los bordes de mar de fondo y de resacas
lleno de irresistible vértigo delicioso
como una caída en un ascensor desbocado
interminable como el vicio y como él insensible
tu vientre incalculadamente hermoso
valle en medio de ti en medio del universo
en medio de mi pensamiento
en medio de mi beso auroral
tu vientre plaza de todos
partido de luz y sombra y donde la muerte trepida
suave al tacto como la espalda del toro negro de la muerte
tu vientre de muerte hecha fuente para beber la vida
fuerte y clara
besaré tus muslos de catedral
de pinos paternales
practicables como los postigos que se abren sobre
lo desconocido
tus muslos para ser acariciados como un recuerdo pensativo
tensos como un arco que nunca se disparará
tus muslos cuya línea representa la curva del curso de los tiempos
besaré tus ingles donde anida la fragilidad de la existencia
tus ingles regadas como los huertos mozárabes
translúcidas y blancas como la vía láctea
besaré tu sexo terrible
oscuro como un signo que no puede nombrarse sin tartamudear
como una cruz que marca el centro de los centros
tu sexo de sal negra
de flor nacida antes que el tiempo
delicado y perverso como el interior de las caracolas
más profundo que el color rojo
tu sexo de dulce infierno vegetal
emocionante como perder el sentido
abierto como la semilla del mundo
tu sexo de perdón para el culpable sollozante
de disolución de la amargura y de mar hospitalario
y de luz enterrada y de conocimiento
de amor de lucha a muerte de girar de los astros
de sobrecogimiento de hondura de viaje entre sueños
de magia negra de anonadamiento de miel embrujada
de pendiente suave como el encadenamiento de las ideas
de crisol para fundir la vida y la muerte
de galaxia en expansión
tu sexo triángulo sagrado besaré
besaré besaré
hasta hacer que toda tú te enciendas
como un farol de papel que flota locamente en la noche.

viernes, 28 de octubre de 2011

Oaxaca

e

Las versiones de Oaxaca pueden ser desde la mía hasta las más elaboradas, tengo una simple: he visto grandes anuncios (no de lo que conocemos en el norte de México como espectaculares) que dicen “Estas tierras son tierras comunales”. Mucho de eso explicaría el tequio, pero esa forma de vivir, de ser conscientes, de saberse autónomos, carece de sentido ante una cosa que poco tenemos en el norte: el sentido de la identidad.

Como que eso es lo que he estado trabajando en mis poemas recientes, en mis cuentos (novedad que me sorprende porque apenas la experimento). En mi vida apenas he escrito algunos cuentos que he compartido con Juan José Macías, Javier Acosta y José Arturo Burciaga. Aquí un extracto del último.

Pero regresando a esto de Oaxaca: sabedores de los efectos de la globalización, de la expoliación capitalista y demás artilugios de la postmodernidad, las gentes de aquellas tierras tienen un excelso gusto por el mezcal, por saber entregarse.

Aquí una postal, que subo hoy que gane una apuesta con estodel futbol, se trata de un campo de juego de pelota.


(...)

We can’t go on together
With suspicious minds
And we can’t build our dreams
On suspicious minds

La cardinalidad del continuo

La cardinalidad del continuo
¿el movimiento perpetuo?

Datos personales

Fresnillo, Zacatecas, Mexico
Apócrifo en sentido estricto: "textos no recogidos en la lista de las Escrituras". Eso es lo que escribo.

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